
Ines Ordoñez de Lanús
La atención a la respiración nos ayuda a tomar conciencia de que estamos vivos, y a sabernos en la presencia de Dios.
La respiración es muy importante en el camino del recogimiento. Nos ayuda a tomar conciencia de nosotros mismos, y es una conciencia a nivel fisiológico, psicológico, y también espiritual. Este es un paso muy importante para entrar en comunión con la presencia del Señor, que se hace presente a través de mi presente. Respiro hondo y me percibo y me recibo así como estoy: cansado, animado, aburrido, con sueño, contento, triste… así estoy. Como esté. Simplemente, me doy cuenta de que estoy respirando, estoy vivo y estoy en tu Presencia, Señor. No tiene que pasar nada. Lo que quiero que pase ya está pasando. Por eso, sólo respiro.
Respiro hondo y voy percibiendo la entrada del aire en mi interior… el paso del aire palmo a palmo, en todo su recorrido a través de mi cuerpo. Me lleno de vida en cada respiración, me oxigeno, me purifico. Estoy vivo. Tomo conciencia. Estoy aquí… estás aquí, Señor. Y yo puedo respirar en tu presencia. Un acto vital… y me lleno de vida.
Los Padres del Desierto, ya nos enseñaban a respirar para orar: unían la oración del Nombre de Jesús a la respiración y a los latidos del corazón. Respiro… y si “atiendo” a la respiración, puedo acordarme que estoy vivo y doy gracias por eso, y puedo entrar en comunión con la Vida. Pero después del tiempo de oración ¡sigo respirando! Puedo vivir atento a la presencia de Dios, ”acordándome” de Jesús, repitiendo su nombre constantemente… al ritmo de mi respiración habitual. Siempre respiro. Siempre estoy en tu presencia, Señor.
Extraído de un Retiro de oración contemplativa – Luján, 2014