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¿Por qué no podemos ser felices?

Inés Ordoñez de Lanús

Hay un pensamiento, muy arraigado, de que nuestra felicidad depende de las cosas que nos pasan. Si esto no pasa, me justifico que entonces yo no puedo ser feliz. ¿Dónde queda Dios en todo esto? ¿Dónde queda el Dios de la Vida?


El salmista dice: “Contemplaré la bondad del Señor. El Señor es mi Luz, mi salvación, a quién temeré. El Señor es el baluarte de mi vida, ante quién temblaré. Una sola cosa, una sola cosa te pido, Señor, esto es lo que quiero. Vivir en tu casa todos los días de mi vida, para gozar de tu dulzura, y contemplar tu templo. Contemplaré tu bondad Señor en la tierra de los vivos. Espera en el Señor, y sé fuerte, ten valor, espera en el Señor”.
El Señor es todo para nosotros. Estamos en un punto en que podemos decir: yo ya hice todo bien. Pero igual… me cuesta ser feliz.
Cumplí todo lo que me dijeron que tenía que cumplir. Y traté de hacerlo bien. ¿Y qué pasa? Miro a los otros, y siento cosas feas. Qué tienen más suerte, tienen más plata, que no me hacen lo que me tienen que hacer. Por el lugar que ocupo en la vida, por quién soy.
Me tienen que retribuir, agradecer, tener en cuenta. Tantos años que estoy al servicio, como mamá, como papá, como cura. Y nadie lo tiene en cuenta, parece que no existo.
Entonces me voy quedando con una sensación de malestar, de qué pasa conmigo. Algo me parece que no está funcionando. Será que mi seguridad depende de que se solucione esto, de que me cambien de lugar. Cuando me pase algo, voy a estar bien. Parecería que hay una pequeña esperanza de que mi felicidad va a depender de estas cosas de afuera.

Pero mientras tanto, yo no puedo ser feliz.
Mientras esto esté así… pero estoy aceptando… pero ya va a cambiar, yo le pedí a Dios que lo cambie. Estoy esperando que Dios cambie esta situación, para ser feliz. Si no, como voy a ser feliz. Lógico, estoy de mal humor.
Y sí, estoy agobiadísimo. Te das cuenta lo que me está pasando, a mí, a mi madre, a mi padre. A la Iglesia, a mis hijos, al mundo entero. Como no voy a estar agobiado. ¿Leíste las noticias del diario? No pretendas que no esté preocupado, las personas que no están preocupadas, son muy inocentes, no viven con los pies en la tierra. Yo soy una persona que vivo en la tierra… ya habrá tiempo para ser feliz. Ahora, no. A no ser que se solucionen algunas cosas. Si se solucionan…
Hay un pensamiento, muy arraigado, de que nuestra felicidad depende de las cosas que nos pasan. Si esto no pasa, me justifico que entonces yo no puedo ser feliz.
¿Dónde queda Dios en todo esto? ¿Dónde queda el Dios de la Vida? “¡Yo soy la Vida!” nos dice Jesús, entonces ¿qué relación tienen las cosas que me pasan, con Jesucristo, que estás aquí?
¿En qué Dios creemos? En un dios que cuando a la noche, cuando tengo tiempo y me acuerdo… “bueno, Dios, te quiero mucho. Acordate lo que te dije, hacelo… mirá que me recé no sé cuántas cosas, hice de todo…”
Hay un tiempo en la vida donde yo estoy en una tensión donde yo le estoy haciendo las cosas a Dios, esperando que él haga las cosas como yo le pido. Porque yo sé que un día lo va a hacer, porque yo le estoy haciendo muchas cosas.
Y viene la desilusión y la caída, cuando no pasa lo que yo quiero.
Pero es que estoy desubicada, desubicado. Estoy en el centro y le estoy diciendo a Dios: hacé esto. Y hacelo ahora. Puedo esperar, pero hacelo. ¿Qué entiendo por la acción de Dios, que es lo que Dios hace? ¿Qué es la contemplación? Qué relación tiene con esto?
Por qué estamos insistiendo tanto en primero la fe… porque al mismo tiempo que nos vamos a silenciar, y a apoyar en la fe que tenemos, bendito seas Señor por la fe!
Las ponderaciones de Jesús eran: ¡qué grande es tu fe! Nunca vi una fe igual! Bienaventurados los que tienen fe. Mi madre y mis hermanos son los que escuchan y ponen en práctica lo que yo les digo. Los que creen lo que yo les digo, y lo hacen. No es los que creen, lo piensan, les parece, lo ponderan, no. Los que creen y lo hacen.
Entonces van a tener una alegría, una paz! La misma que tengo Yo! Una paz que no es del mundo. Van a ser felices. Si, ustedes, de verdad, van a ser felices.
En el mundo van a tener que sufrir. Pero parecería que el sufrimiento no quita la felicidad.
Pablo nos dice: Si Dios está con nosotros, si entregó a su único Hijo, ante quién temblaré, temeré. Ni el hambre, ni las persecuciones, ni la falta de plata, ni los gobiernos, nada de nada. Ustedes no teman eso. Teman a los que puedan robar, arrebatar esta fe.