
Inés Ordoñez de Lanús
En esta Semana Santa, comenzamos la década hasta el 2033, cuando se cumplirán 2000 años de la Resurrección de Cristo. Les comparto esto que escribí para unirnos en esta hora santa.
Hoy es Viernes Santo, acompañemos a Cristo en su Pasión y Muerte en la Cruz meditando las 7 palabras que exclama desde la Cruz: perdona a quienes lo están matando, consuela al buen ladrón, nos entrega a su Madre, grita su abandono al Padre, exclama que tiene sed y, después de decir que todo ya está cumplido, entrega -confiado- su vida al Padre.
Oración
¡Virgen de los dolores, hoy queremos contemplarte pronunciando tu SEA al pie de la cruz! Como vos, también nosotros queremos acompañar a Jesús en su camino al Gólgota, unidos a vos, queremos crucificarnos con él, para morir y resucitar también en él. Que aprendamos de vos, que nos demos cuenta de qué tenemos que despojarnos, que nos decidamos a perdonar siempre, que sepamos poner nombre a nuestras necesidades, y que aprendamos a vivir en simultáneo; al mismo tiempo que podemos gritar lo que nos pasa, podemos entregarnos confiados a las manos del Padre. Madre nuestra, queremos identificarnos en todo con tu Hijo, como lo hiciste vos. Por eso te pedimos que nos enseñes, y hoy te volvemos a recibir como madre nuestra y madre de esta comunidad del SEA y renovamos juntos nuestra entera consagración a vos.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Primera Palabra:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)
Aquí estoy Jesús, llorando mis pecados. Tampoco yo me doy cuenta del daño que hago cada vez que no amo. Perdóname Señor y repara y consuela a quienes he hecho daño. Hoy recibo tu perdón y abrazo, agradecido, la cruz de tu entrega.
Señor y Dios mío, que por amor a cada uno de nosotros agonizaste en la cruz hasta morir, y perdonaste a los mismos que te estaban matando. En ellos nos perdonaste a cada uno de nosotros que hacemos lo mismo. ¡Perdón, Señor! Hoy vuelvo a darte gracias, quiero vivir en acción de gracias, y pido tu compasión y misericordia por todos mis hermanos que están ciegos a tu amor y no se dan cuenta. Que tu perdón se derrame sobre todos nosotros en esta hora de nuestra humanidad tan dividida y sufriente. Beso tu Cuerpo herido y bebo de tu preciosísima sangre. Dame dolor por mis pecados. Perdóname como yo quiero también perdonar a los que me ofenden. Amén.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Segunda Palabra:
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43)
Vuelto hacia Ti el Buen Ladrón con fe te implora tu piedad: yo también de mi maldad te pido, Señor, perdón.
Si al ladrón arrepentido das un lugar en el Cielo, yo también, ya sin recelo la salvación hoy te pido.
Jesús, estabas agonizando y pudiste ver el corazón de Dimas, el buen ladrón que, clavado en la cruz, supo reconocerte. Y fiel a tu promesa, le aseguraste que ese mismo día estaría en el Paraíso. Dame hoy el corazón de este buen hombre, aumenta mi fe y la de todos mis hermanos cuya fe se ha enfriado. Enciende la fe de tu Iglesia, danos todo lo que necesitamos para que, al vernos, el mundo crea y te conozca.
Beso tu Cuerpo herido y bebo tu preciosísima sangre. Dame dolor de mis pecados, que sepa reconocerlos y pedirte perdón. No nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal. Amén.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Tercera Palabra:
“He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre” (Jn 19, 26)
Estaba la Madre dolorosa, Junto a la Cruz llorosa, En que pendía su Hijo. Su alma gimiente, Contristada y doliente Atravesó la espada.
Madre, fuente de amor, Hazme sentir tu dolor. Contigo quiero llorar.
Haz que mi corazón arda en el amor de mi Dios y en cumplir su voluntad.
Stabat Mater.
Señor y Dios mío, que agonizando contemplabas a tu madre en tanto dolor y tanto amor. Con tu mirada le adelantaste tu último deseo; con su mirada volvió a consentir con tu voluntad. Querías que fuera madre de todos. Que todos, uno a uno, naciéramos de ella. Que su corazón nos gestara mientras que, a lo largo de nuestra existencia, también nosotros pudiéramos exclamar el SEA.
Y nos la entregaste como Madre, y nos entregaste como hijos. Aquí estoy Madre, soy tu hijo. Enséñame a mirarte, a escucharte, a abrazarte y a dejar que lo hagas conmigo. Enséñame a hacer todo lo que Jesús nos dice.
Santa Madre, yo te ruego que me traspases las llagas del Crucificado en el corazón.
De tu hijo malherido que por mí tanto sufrió reparte conmigo las penas.
Déjame llorar contigo condolorme por tu Hijo Mientras yo esté vivo.
Junto a la Cruz quiero estar y contigo asociarme en el llanto, es mi deseo.
Stabat Mater.
Jesús, beso tu Cuerpo herido y bebo tu preciosísima sangre. Que como tu Madre, sepa hacer tu voluntad para vivir en la tierra como en el cielo. Amén.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Cuarta Palabra:
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46)
En su triste desamparo. Nadie más estaría solo, en tu grito de abandono nos recibiste a todos.
Señor y Dios nuestro, agonizando en la Cruz experimentaste lo más terrible y temible, sentirnos abandonados a nuestra suerte. Y nos enseñaste la lección más grande en el Camino del Amor. Perdonar, gritar lo que nos pasa, y saber que somos escuchados y acogidos. Vos lo hiciste por nosotros. El vacío del abandono está colmado para siempre de tu presencia y consuelo. Te pedimos por todos nuestros hermanos que no conocen esta buena noticia y sufren el abandono sin consuelo. Que por tu muerte y resurrección hoy les llegue tu consuelo a los que más sufren el abandono en este momento.
Beso tu Cuerpo herido y bebo tu preciosísima sangre. Danos el pan de cada día y que podamos ser siempre alimento unos para otros. Amén.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Quinta Palabra:
“Tengo sed” (Jn 19, 28)
Silencio, costas lejanas de mi corazón errante.
Escucho un grito. Alguien me llama, alguien me busca… ¡Tengo sed! Y mi corazón dio un vuelco.
Reconozco la voz de mi Amado, a quien siempre quise escuchar.
Hoy te escucho Jesús, escucho el grito que con tanto dolor exclamaste agonizando en la Cruz. Y hoy entiendo. Es tu sed de amor que golpea mi corazón endurecido. Vengan a mí, y nos ofreces tu agua viva. Y mientras no vayamos a saciarnos, vos te haces cargo de nuestra sed existencial.
Tenemos sed de vos Señor. Hoy, como ciervos sedientos vamos a vos y te traemos a toda esta humanidad sedienta. Danos tu agua viva. Que nuestra búsqueda calme tu sed. Perdónanos Señor, no queremos darte vinagre, sino lo que sabemos que calma tu sed. Nuestras vidas entregadas. Aquí estamos Señor.
Beso tu Cuerpo herido y bebo tu preciosísima sangre. Padre nuestro, danos lo que necesitamos para saciar la sed de tu Hijo y para recibir el agua que nos ofrece y nos da la Vida eterna.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Sexta Palabra:
“Todo está consumado” (Jn 19,30)
Cumpliste la misión que el Padre te encomendó. Y ahora glorificado, nos abrís tu corazón para que seamos Uno en tu amor.
Jesús, Hijo de Dios, enviado por el Padre. Te mataron por blasfemo, por decir quién eras. Y fuiste fiel hasta la muerte y muerte de Cruz. Viniste a revelarnos al Padre. Y así nos lo anunciaste: Mis pensamientos son los de mi Padre, mis palabras las que oí de mi Padre, mis obras, las que me encomendó. Mi comida, es hacer su voluntad.
Y no te creyeron, y seguimos sin creerte. Ya cumpliste tu misión, ahora es necesario que te escuchemos, que te creamos, que te digamos SEA, y que después lo pongamos en práctica. Hoy te decimos: QUIERO-CREO-CONFÍO.
Jesucristo, beso tu Cuerpo herido y bebo tu preciosísima sangre. Y unidos a vos le decimos al Padre que queremos escucharte siempre. Tanto nos amaste Padre que nos enviaste a tu Hijo amado. Y tanto nos ama tu Hijo que entrega su vida por nosotros, para que el amor con que lo amaste a él, esté en nosotros, y vos Jesús estés siempre en y con nosotros. Amén.
Piedad Señor, pecamos contra ti.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Séptima Palabra:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)
A tu Padre te encomiendas, y entonces yo me pregunto: ¿Si mi vida no se encomienda, adónde iré yo a parar?
A tu amor hoy me encomiendo, mi existencia te confío, enséñame Jesús mío a vivir tu Voluntad.
Señor Jesucristo, Hijo del Padre y hermano nuestro. Como Maestro divino que sos, tu última palabra que pronunciaste agonizando en la Cruz, es lo primero que necesitamos para emprender el Camino que nos señalas, es el pan de cada día, y lo que más necesitamos en la última etapa del camino. Creer en vos; creer y confiar. Sin eso, no podemos nada. Ésa es nuestra parte, la mejor parte. Creer y confiar. Y esto es lo que renovamos hoy.
En este viernes santo, a diez años de la semana santa que celebraremos los 2000 años de tu muerte y resurrección, te decimos: Trinidad Santísima, Padre Creador nuestro, por Jesucristo nuestro Redentor, y en el Espíritu Santo Consolador, con María y todo el cielo, caminando con toda la humanidad, y abrazando a todo el Universo exclamamos “Que SEA en mí, en todos nosotros, y a través de nosotros en toda la Creación, ahora y siempre, tu santa Voluntad”. Amén, Amén, Amén.
Jesucristo, besamos tu Cuerpo glorificado y bebemos tu preciosísima Sangre. Participamos para siempre de tu vida divina para que SEA en nosotros tu Voluntad de que seamos perfectamente UNO, como tú y tu Padre son Uno en el Espíritu Santo. Y te glorificamos con nuestras vidas:
Gloria al Padre, Gloria al Hijo, y Gloria al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén, que ASÍ SEA.
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS SENOR.
Te adoramos Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz, redimiste al mundo.
Luján, 7 de abril, 2023.