
Inés Ordoñez de Lanús
Tengo un montón de caretas, que me las he ido puesto a lo largo de la vida para defenderme de todo lo que me fue doliendo. Y el Señor me pregunta si estoy dispuesto a exponerme.
Miedo, inseguridad, enojo… y en el fondo, tanto dolor. Y por eso me escondo. Y ya estoy acostumbrado a vivir escondido, casi parece que mi escondite se transformó en mi verdadera identidad.
Estoy tan pegado a lo que hago, a lo que esperan de mí, a mi historia, a un recuerdo, a una ausencia. Todavía sigo llegando a los lugares del pasado, como expresando mi disconformidad con lo que pasó: esto no tendría que haber pasado, así no quiero que suceda lo que ya sucedió. Me cuesta alegrarme, disfrutar, dar gracias. Y el Señor viene a mi presente y mira mi corazón, y dice: -Desahogá en mí tu corazón.
¡Son tantas las caretas con las que escondo mi identidad! Super-madre o padre, mujer inteligente, varón que lo puede todo, siempre contento… siempre enojado… ¡Claro! Tengo un montón de caretas, que me las he ido puesto a lo largo de la vida para defenderme de todo lo que me fue doliendo.
Y el Señor me pregunta si estoy dispuesto a exponerme. Y me doy cuenta que de que ya estoy cansado de estar escondido. Me agoté. Sé que hay una parte de mí que no puedo mostrar, que no sé si me van a recibir… pero puedo ir animándome. Ya basta de caretas o escondites. En un momento me sirvieron. Ahora no más.
Pero… ¿yo quiero ver mi vida hoy? ¿quiero dejarme ver? ¿Quiero exponerme a los demás? ¿Quiero dejar a la vista mi pobreza? ¿o prefiero que todos sigan viendo el rostro que yo les muestro, lo que yo necesito que los otros vean?
El encuentro con Jesús es un encuentro de amor que me revela a mí mismo. Me hace el mayor don que es mi vida. Es mi vida hoy. Es el Presente, es el obsequio, ¡el mayor don!
Y el Señor nos mira con amor a cada uno y nos dice: Sos valiosa a mis ojos, sos mi príncipe desde el día de tu nacimiento, sos mi reina, mi princesa… di mi vida por vos.
El Señor nos invita a desplegar, a alcanzar la madurez en Él, de a poquito… a ir dejando esos mecanismos, que nos sirvieron en algún momento del pasado. ¡Benditos sean! Pero ahora, ya basta. Ya.