¡Qué alegría contar con 74 nuevos Acompañantes Espirituales, distribuidos por diferentes localidades argentinas, e incluso en el exterior! Se trata de la primera camada de alumnos del CAE con modalidad online en completar la formación. ¡¡Felicitaciones a todos ellos!!

Los nuevos Acompañantes Espirituales son oriundos de Buenos Aires, Chaco, Chubut, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Salta, San Juan, Santa Cruz, Santa Fe, y también de Uruguay e Italia.
Luego de 4 años y medio en el que todo el intercambio se realizó de manera virtual, o en grupos pequeños que se reunían de manera presencial, el pasado 27 de mayo, casi todos los flamantes acompañantes pudieron encontrarse en Casa de María (algunos lo hicieron por Zoom), donde recibieron los certificados y compartieron un fin de semana en comunidad.
Es la primera promoción de alumnos que completa su formación totalmente a distancia, que se inició con el primer ciclo denominado DIME (Diplomatura en el Ministerio de la Escucha), y continuó con el segundo ciclo de formación de Acompañantes Espirituales, programa asociado al Teresianum, de Roma.
Ha sido un gran desafío tanto para docentes, tutores y alumnos. Para el equipo del CESM, supuso adaptar los contenidos del curso presencial y generar una comunidad “virtual” que acompañe este proceso de transformación que suscita el CAE; para los propios alumnos, pioneros en esta modalidad, el desafío fue para algunos el uso de la tecnología, así como otros obstáculos que fueron atravesando. Para todos ellos, la “comunidad” fue fundamental para acompañarlos y animarlos en este camino de crecimiento e integración.
Compartimos algunos testimonios de los egresados:
Comencé a cursar el Ministerio de la Escucha en forma presencial, en Adrogué. Lo que más me gustó desde el comienzo, fue el silencio. Era lo que estaba buscando.
En 2020, empecé el CAE Virtual. Al principio me costó familiarizarme con esa modalidad, pero como durante la pandemia estaba con mi hijo, él me ayudó. Las materias me resultaron interesantes. Me gustaban la práctica del silencio y las compartidas. A veces, me resultaba difícil escuchar a los demás, pero como no podía interrumpir, registraba esa dificultad y observaba que era algo mío, y también así empecé a darme cuenta de procesos míos que no conocía, y a aceptar al otro como es, sin juzgarlo, solo escuchándolo desde el corazón, algo que era muy difícil para mi. Lo recibía en el cuerpo y cuando hacíamos rutinas de bienestar me sentía muy bien, y trataba de no llevarlo a la cabeza sino que lo dejaba pasar… y así fui modificando algunos pensamientos, sentimientos, acciones.Realmente es y ha sido una experiencia que sigue renovando y transformándome cada dia. Agradezco a Dios que me dio la oportunidad de encontrarlo y poder vivir todo lo que me permitió, a todas las profesoras y profesores, a los tutores que nos ayudaron y nos enseñaron esta nueva mirada de la vida, en la cual quiero seguir creciendo y formándome para estar mejor y para darme mejor a los demás.
Norma Abella, Adrogué
Los primeros años del Dime fueron reveladores, inquietantes, cada materia me ponía en vilo, sobre todo aquellas que hicieron que pose la “mirada” en mí, en mi interior. Fueron dos años de mucho compartir con el grupo, aprender de cada una y con cada una. Mucho entusiasmo y aprendizaje del verdadero, ese que nos cuestiona, que nos revela, ilumina y confunde a la vez.
El año de parate y el desafío de seguir o no … y casi por inercia y por no perder una oportunidad, seguí como pude, me costaron los tiempos, ya no tenía “mi grupo”. La tecnología me ayudó, los talleres, las compartidas por zoom, el impacto del más verdadero “federalismo”: Ada en Formosa, Inés en CABA, yo en Rio Gallegos, distancias físicas y cercanía de corazón, así fue la “tríada”.
Muchas personas fueron claves: tutores, compañeras, algunas me incomodaban, otras me enojaban yo quería la eficiencia, agilidad, avanzar y no todas podían, cada una tenía su ritmo y eso me costaba. Hice un esfuerzo extremo por escucharlas frente a la pantalla, a veces sin siquiera querer y poder compartir. Tuve en estos cuatro años muchas pérdidas, pasé por varios duelos, cambios, nuevas realidades y sentí que el CAE me fue preparando, fue creando el terreno fértil para que pudiese transitar “todos esos procesos” saludablemente y aprendiendo.
María José Pechar, Rio Gallegos














