
Inés Ordoñez de Lanús
Es muy importante encontrar momentos y lugares dentro de la vida familiar y comunitaria que nos ayuden a compartir nuestro corazón.
Necesitamos ejercitarnos en esta espiritualidad de compartir el corazón. De hablar desde el centro de nosotros mismos. Es muy importante encontrar momentos y lugares dentro de la vida familiar y comunitaria que nos ayuden. ¿En qué momento de la semana nos vamos a reunir para compartir nuestro corazón? ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Quién nos puede enseñar a compartir el corazón? ¿Quién puede acompañarnos en este camino? Si no nos decidimos a hacerlo con determinación, nunca llegará el momento.
Cuando alguien comparte, todos escuchamos sin intervenir, es una escucha sagrada en la que entregamos lo mas valioso de nosotros mismos: nuestra intimidad. Escuchamos en profundo silencio, sin interrumpir y nos disponemos a acoger al otro en nuestro corazón. Esta escucha atenta requiere también una actitud corporal de calma, sin estar haciendo ninguna otra cosa, sin nada en las manos que distraiga, y mirando a los ojos a la persona que está hablando y compartiendo.
Algunas cosas que nos pueden ayudar:
Ponernos en Su presencia
Tenemos que respirar profundo, ponernos en presencia de Dios, entrar en comunión con la Palabra que nos habita y animarnos a abrir nuestro corazón, a poner en palabras nuestro misterio más profundo. Elegir compartirnos con los demás, exponer nuestra intimidad, para enriquecer a los que nos escuchan.
En primera persona
En el momento de compartir, no hablamos desde lo que sabemos o desde lo que pensamos. Con mucha humildad, se trata de compartir el corazón: detenerme, mirar mi vida. Como nos cuesta, a veces nos escapamos de nosotros mismos, narrando largos relatos, o hablando de lo que le pasa a otros. Es importante que cada uno pueda decir con sencillez y generosidad lo que está viviendo, habituarnos a hablar desde nosotros, a expresar nuestro corazón apropiándonos de nuestras experiencias y de nuestros sentimientos.
Muchas veces, como nos cuesta abrir el corazón, lo hacemos hablando en segunda persona o en plural, o usando pronombres en forma vaga: “Siempre que nos gritan nos sentimos lastimados…”. “A uno le cuesta perdonar al que lo lastima…” “Algunos sienten que el amor de Dios es lo más importante…”. “Cuando alguien llora está expresando su dolor…”
Sin embargo, es importante poder hablar desde mí, usando palabras que me expresen, que me presenten como el dueño y señor de aquello que elijo compartir: “Yo siento que no puedo perdonar…”. “A mí me pasa que cuando rezo siento que…”. “Yo siento un profundo amor a María, pero no soy capaz de… “. “Y me duele cuando… “. “Estoy llorando porque me siento muy lastimado… esta situación me confunde… ”
Evitar las generalizaciones
Las generalizaciones presentan nuestros sentimientos de forma absoluta, no dejan espacio para que las cosas puedan cambiar, no dan lugar a que el diálogo continúe. Son como puertas que cierran la comunicación.
Cuando compartirnos, tenemos que evitar usar generalizaciones (todo, nada, nadie, siempre, nunca) y no hablar a través de otros ni por otros, no comparar: “todo el mundo piensa que…” “Yo siento lo mismo que dijo fulano… ” “A mí me pasa todo lo contrario que tal o cual persona…”.
Clarificarnos
¿Qué es lo que quiero compartir? A veces, sentimos nuestro corazón confundido. No son claros los sentimientos que nos habitan, los sentimos como enmarañados o confusos. Para esto nos ayuda mucho la técnica de sentarnos a escribir. Tomar papel y un lápiz y sacar afuera, en la presencia del Señor, todo lo que está en nuestro corazón, así como está. Confuso, mezclado cortado. Después, al leer lo que escribimos, podemos ir ordenando las experiencias: es esto lo que me pasa, es esto lo que siento. Preguntarnos: ¿de esto que siento, qué es lo que quiero compartir Después podemos buscar las palabras que expresen con claridad nuestro corazón.
Para finalizar, el sigilo es muy importante en esta metodología. Lo que se comparte queda “bajo secreto”, nadie está autorizado a revelarlo o compartirlo con los demás, ni a comentarlo en otra ocasión.
Extraído del libro de INÉS ORDOÑEZ DE LANÚS, Asambleas Familiares, Una metodología para compartirnos de corazón a corazón, Ed. Camino al Corazón. Buenos Aires, 2012.